Una vez fecundada la flor, ésta comienza a secarse; mientras los óvulos se transforman en semillas.

Las semillas de las orquídeas son unas de las más pequeñas del mundo vegetal, su peso medio podría establecerse en unos 10 microgramos, realmente algo ínfimo y de difícil visualización, confundible fácilmente con fino polvo.

Cada cápsula germinada puede contener entre 8.000-10.000 semillas en las orquídeas terrestres europeas (en las tropicales puede llegar al ¡millón!). A pesar del gran número de semillas producidas, éstas tienen un gran inconveniente y es su corta longevidad dado que carecen del tejido constituido por células ricas en sustancias de reserva llamado edosperma.

Hay especies cuyas semillas sólo viven dos meses, sean cuales sean las condiciones de conservación. Debido a su estructura, son muy ligeras por lo que es posible su dispersión a grandes distancias a través del viento, el agua, los insectos, incluso los pájaros.

A pesar de todo, la colonización de las orquídeas y su propagación es muy difícil debido a su peculiar germinación simbiótica con los hongos microscópicos (generalmente con el género Rhizostomia), y las polinizaciones fuertemente específicas con diversos insectos; también su ecosistema necesita de las condiciones ideales de suelo, humedad y temperatura para su germinación y posterior crecimiento y desarrollo.

Cuando una semilla cae en el lugar adecuado, es invadida por los hongos y sus enzimas disuelven la protección de ésta entrando en contacto con el embrión. En este momento, el embrión despierta de su letargo y empieza a absorber las sustancias que precisa para su desarrollo, emitiendo unos delicados filamentos que irán transformándose en los órganos subterráneos de la planta. A partir de aquí se establece una íntima relación de convivencia entre el hongo y la orquídea.

En el caso del Limodorum y la Neotinea, por ser plantas saprofitas no tienen ninguna parte verde por lo que necesitan sintetizar todo su alimento a partir de los hongos simbiontes, realizándose este proceso bajo tierra.

Según el proceso anterior, el nacimiento de una orquídea constituye un conjunto de coincidencias que hacen que su aparición o génesis sea realmente complicada y digna de admiración por tan alto grado de evolución.

Como acto de reflexión, hay que tener presente que donde hay orquídeas, es donde realmente existe un ecosistema natural, que no está degradado o polucionado.

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