No se necesita un batiscafo ni un equipo subacuático para encontrar variedad en turbamulta de chapinas y caracolas deshabitadas, como casitas abandonadas por inquilinos cambistas, y que se prestan a las inclemencias del tiempo y que los vientos y pedrizas las deterioran con paciencia de ermitaño, arrancándole tejas y descascarillando sus muros.

Muchas de estas caracolas están marcadas por el trasiego de los años; sus aristas y protuberancias han sido lijadas por las pacientes olas y las arenas párvulas, han perdido los surcos que las identificaban. 

Las costas murcianas, las calas y playas las reciben cuando el mar bravío las vomita ruidosamente en los temporales de levante (cuando arrecia el maestral, viento del norte, la zona sureste del Mar Menor es un cesto o recipiente natural de estas venustas arquitecturas carbonatadas). 

Material empleado

Para recoger los restos de los hospicios de los moluscos sólo se necesita un cubo o una bolsa. Para que la búsqueda sea eficiente y las observaciones utilizables es aconsejable que apuntemos en un bloc (le podríamos poner un nombre, algo así como: "Cuaderno de chapinas y caracolas" o "Bloc de hallazgos de habitáculos de moluscos marinos") la fecha, lugar exacto de las especies encontradas, si ha sido tras un temporal de días anteriores o las circunstancias del hallazgo. Si, además queremos presentar una colección embellecida, nos haremos de un bote de barniz y, una vez limpias, enjuagadas con agua y limpias, barnizaremos los habitáculos marinos.

Desarrollo: A veces, puede resultar complicado de hacerse con variedad diferencial de chapinas y caracolas de especies, ya que muchas de ellas son depositadas por el oleaje en lugares únicos, en calas o playas poco visitadas, por lo aconsejamos realizar la "colección de chapinas y caracolas" con la participación de un grupo numeroso de niños y niñas (es decir, huir de la colección individual), de este modo las aportaciones serán más diversificadas. En otra experiencia os daremos dibujos realizados a mano para que podáis identificar y rotular con sus nombres científicos las conchas y caracolas.

El anfibio es un animal de "doble vida"; se refiere, como su etimología nos dice, a la capacidad que tiene el bicho para vivir en un medio acuático y en uno terrestre. En verdad que estos vertebrados no dejan de ser interesantes para la observación e investigación.

En las primaveras frescas y soleadas podemos dirigir nuestros pasos a charcas naturales o balsones agrícolas; por las noches la sinfonía poiquiloterma acompaña a la luz plateada de la luna y nos conducirá a los reductos acuáticos.

Roque Martínez Abellán diseñó y construyó terrarios y acuarios para la observación metodológica en una didáctica escolar (el dibujo que se presenta lo hizo él).

Los renacuajos o cabezones abundan por decenas en estas charcas, y los podemos capturar con un pequeño salabre o caza mariposas. Del salabre al acuario.

Material empleado: Un acuario y terrario; los renacuajos se desarrollan en agua (podemos emplear tintura de yodo para acelerar el proceso de la metamorfosis). Un termómetro para tomar la temperatura del agua. Un libro de claves de anfibios para identificar la especie (en la Región de Murcia podemos encontrar entre otros: Rana verde, ranita meridional, sapillo pintojo, sapo corredor, sapo común, etc., gallipato, galápago y un etcétera que encontraremos. Cuando la metamorfosis ha culminado (desprendimiento de cola y el nacimiento de las cuatro patas), los acuarios deben estar provistos de zonas de piedra y tierra que no se encuentre sumergidas (no hay que olvidar que la capacidad pulmonar del anfibio necesita del aire). 

Desarrollo: La construcción del terrario o la búsqueda de un acuario adecuado debe ser anterior a la captura de los renacuajos. Después se localiza la charca. Una vez que tengamos los pequeños anfibios, con cuidado los depositaremos en el acuario para su estudio y observación. Estos bichos son voraces y gozan de buenas ganas de comer, los botes de alimento para peces pueden servir para saciar su apetito. Todos los días apuntaremos las evoluciones de la metamorfosis anfibia. Cuando aparezcan las patas traseras dejan de comer tanto, pues el alimento almacenado en las colas los nutre; al perder ya la cola, son ranas o sapos, los pasaremos a los terrarios. Y aquí comienzan nuevas observaciones y la identificación (un buen científico puede identificar la especie a partir del renacuajo).

Las plantas transpiran por medio de los estomas de las hojas y pierden grandes cantidades de agua. Este fenómeno se realiza con intervención de la clorofila y se le conoce en el mundo científico por clorovaporización o clorotranspiración. Esta transpiración o pérdida de agua sólo es posible cuando la clorofila absorbe ciertas radiaciones lumínicas, es decir, cuando hay luz. (¡Ojo! Existe otro tipo de transpiración protoplasmática que no requiere la presencia de la clorofila).

Material empleado: Los materiales necesarios para la realización del experimento pueden ser, una piedra de sílice de tamaño medio (20/25 gramos), una bolsa de plástico transparente, un trocito de cordel (40 cm) una probeta (para medir la capacidad del agua obtenida y el bloc de notas o de "Experimentos".

Desarrollo: Cogemos la bolsa de plástico y el cordel. Escogemos un árbol de hoja perenne y de fácil acceso desde el suelo a sus ramas. Introducimos la piedra elegida en el interior de la bolsa de plástico con el objetivo de que el peso contrarreste el empuje de la rama hacia arriba, y el experimento penda hacia abajo . Una vez introducida en la bolsa varias hojas verdes y tallo, atamos con el cordel el extremo de la boca de la bolsa, quedando el conjunto experimental colgando de la rama del árbol (es conveniente rotular un papel junto a la rama avisando del experimento, así evitaremos que pueda ser arrancado por ignorancia, y se respete). Esperamos 24 horas, al cabo de las cuales recogeremos el agua almacenada en la bolsa de plástico. La mediremos en la probeta. Escribiremos en el bloc de ¿Experimentos¿ nuestras conclusiones, hipótesis, observaciones y sugerencias para nuevos experimentos.

Es aconsejable realizar un planteamiento experimental con árboles de distintas especies y, al cabo, comparar resultados y observaciones.

Si quieres experimentar una sensación visiblemente energética del ámbito vegetal, busca una colonia de pepinillos del diablo o cohombrillos (las primaveras y veranos son las épocas de esplendor floral de esta Cucurbitácea de nombre científico: Ecballium elaterium ).

Su pepino de vellosidad hirsuta en forma de cápsula despide violentamente, por presión las semillas. El líquido pasa al protoplasma y un hinchazón de células ocurre con la maduración, volviéndose turgentes y estallando estrepitosamente cuando la presión es insoportable (se denomina proceso de turgescencia). El agua recluida tiende a escapar hacia el protoplasma y las células se abotagan y hinchan, como sandías de año en años de lluvia, se vuelven turgentes, pudiendo estallar por un proceso denominado en botánica de turgescencia.

Material empleado: Una planta viva y con frutos de "pepinillos del diablo" (su época de fructificación son los meses de verano). Unas gafas de sol para proteger los ojos, pues las semillas pueden golpearte. Y agua para enjuagarse las manos, ya que el fruto contiene un glucósido tóxico (consultar ficha de Ecballium elaterium).

Desarrollo: Si los frutos se encuentran suficientemente maduros, con sólo rozarlos, dispararán las semillas en un abrir y cerrar de ojos. Hay que tomar la precaución de no situarse en la posible línea de trayectoria de los "proyectiles vegetales". Por último, es importante y científico tomar nota de la experiencia en el bloc de campo: fecha, temperatura, tiempo climático, hora, lugar, distancia alcanzada por las semillas, etc.

Las plantas verdes segregan unas hormonas denominadas auxina que regulan el crecimiento vertical del tallo. Estas hormonas funcionan y actúan normalmente y en mayor potencia con la luz solar, pero se descontrolan en ausencia de luz. Es como si la escasez de luz les imperase a hacer crecer desorbitadamente a la planta en su afán de encontrar algún resquicio luminoso. La palabra auxina proviene del griego, auxo, aumentar, acrecentar. La auxina es activista del crecimiento de la planta desde la punta, desde el ápice de la matita.

Darwin, fue un naturista inglés del siglo XIX, que realizó un viaje de cinco años en barco, con el capitán británico Fitz-Roy, visitando las islas del Pacífico y América del Sur. Tras muchas observaciones y apuntes sobre la naturaleza formuló la teoría del Origen de las especies (1859).

Material empleado: Quince gramos de alpiste; un recipiente cuadrangular de plástico, madera o metal y de unos cinco centímetros de altura, que emplearemos para realizar el cultivo experimental; tierra fértil en una cantidad suficiente; papel de estaño y el bloc de notas o de ¿Experimentos¿. Como realizaremos también la prueba germinativa con semillas de ricino (Ricinus conmunis), nos haremos de otro recipiente (puede ser un envase de yogour o un frasco cristalino protector de mayonesa u otro condimento).

Desarrollo: Tomamos quince gramos de alpiste, los humedecemos y los plantamos en un recipiente con tierra fértil. Regamos cuidadosamente el recipiente. Mantendremos la temperatura en 20 grados centígrados, a ser posible, con el fin de acelerar el proceso biológico. Cuando los tallitos verdes vayan alcanzando una altura de 5 cm., los coronaremos con un mínimo cucurucho de estaño (lo más pequeño posible, para evitar que el peso curve en exceso el tallo y lo ampute). Esta delicada y paciente operación sólo la efectuamos en media docena de tallos de alpiste, el resto sin tapar sus extremos, así tendremos referencias comparativas en el proceso de observación del experimento. Con el paso del tiempo las plantas crecerán, y posiblemente las cubiertas con papel de estaño serán más largas y delgadas.

El experimento realizado con una semilla de ricino es sorprendente. Te cuento: Hace unos años, dejé una semilla humedecida en una maceta en el interior de una habitación oscura, al cabo de un mes, la planta alargada hasta lo inverosímil recorría el suelo vacío en búsqueda de luz (un metro y medio de tallo delgado, como el tentáculo de un molusco cavernícola)

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