Podemos obtener una crema protectora de los rayos ultravioletas del sol, que aplicaremos estratégicamente sobre nuestra piel, utilizando para su elaboración algunas plantas y sustancias naturales.

Materiales empleados: Un mortero para machacar y triturar las sustancias empleadas; un recipiente de laboratorio, tipo vaso de precipitados, papel de estaño, un rayador manual de cocina, un escurridor también de cocina, un cuchillo y una cuchara. Desde luego son necesarios los elementos naturales, tales como: dos zanahorias (con 250 gr. bastará), un limón, un pepino (100 gr.), miel silvestre (dos cucharadas) y aceite de oliva (dos cucharadas). No olvidemos el bloc de notas de ¿Experimentos¿.

Desarrollo: Pelamos las zanahorias desprendiendo de los tubérculos la primera piel y las diminutas raíces aún prendidas. Con ayuda del raspador de cocina las raspamos (es importante que las raspaduras de las zanahorias queden con una textura fina y muy pequeña). A continuación realizamos la misma operación con el pepino (vamos vertiendo toda la amalgama vegetativa en el mortero). Seccionamos en dos el limón y con ayuda del escurridor lo exprimimos, echando el líquido obtenido sobre la amalgama de carne de zanahorias y pepino raspadas. Ayudados con la cuchara tomamos su capacidad en aceite de oliva, dos veces, vertiéndolas sobre la masa desmenuzada. Removemos y machacamos con el mortero la mezcolanza nutritiva (la utilización del mortero en esta operación manual es una rememoración de los brujos o hierbateros antiguos, es un canto a la farmacopea de laboratorio casero, es una acción testimonial del pasado medieval). Si podemos majar la amalgama fruticosa con una trituradora eléctrica de cocina obtendremos una masa uniforme que semejará una pomada pringosa. Dejamos reposar la crema de zanahorias y pepino en el vaso. Cubrimos con papel de estaño la boca circular y la guardamos en el frigorífico. Y ya está preparada para su utilización sobre nuestra piel, untándola en los hombros, rostro, cuello y brazos. Y ¡A tomar el sol!

Los azúcares frutales fermentan y se transforman en diversos alcoholes. La fermentación es causada por mohos, bacterias y levaduras, que se encuentran en el aire, denominadas enzimas, sustancias que son determinantes en la fermentación, es decir, que todas las fermentaciones son de carácter enzimático. La fermentación alcohólica es conocida desde los tiempos de Matusalén; en ella, la levadura transforma la maltosa y levulosa en alcohol y anhídrido carbónico:

 

C6H12O6 = 2 C2H6O + 2 CO2 + 20 Kcal.

 

Es una reacción química que desprende calor.

Materiales empleados: Un mortero para machacar y triturar las uvas; un colador para filtrar el azucarado zumo; un recipiente de laboratorio, tipo Erlenmeyer, con tapón y orificio de salida de gases. Desde luego que también son necesarios los elementos naturales, tales como un racimo de uvas (con 250 gr. Bastará) y una pizca (lo que quepa entre dos dedos de un niño chico) de levadura de cerveza (no es necesaria la levadura, el proceso de fermentación se realizará de igual forma, la levadura sólo aligera en unos días la reacción química). No olvidemos el bloc de notas de "Experimentos".

Desarrollo: Con ayuda del mortero y el colador obtenemos el zumo de uva con el que vamos a experimentar. Sería aconsejable realizar varios filtros para intentar que el líquido quede lo más limpio posible. A continuación lo introducimos en el Erlenmeyer y añadimos una pizca de levadura. Apuntamos la fecha, y dejamos que la fermentación vaya cursando los cambios y reacciones a lo largo de las horas. Es bueno que el vaso Erlenmeyer lo situemos en un lugar apropiado: con poca luz y temperatura no superior a quince grados centígrados. Al cabo de las horas un elixir fresco y de alcohol vitícola llenará la atmósfera del habitáculo. Hay que tener la paciencia del buen científico, pues, a veces, los procesos químicos se dilatan en el tiempo por circunstancias varias (calidad de azúcar en el zumo, cantidad de levadura, compuestos biológicos del aire ambiental, temperatura, etc.)

Podemos realizar un mural con texto y dibujos que denuncie las agresiones que algunos humanos hacen en el bosque y en los montes. Plastificarlo y organizar una salida para colocar nuestras advertencias en lugar estratégico. Así los visitantes, tras leer los avisos dados gratuitamente, se comportarían de otra forma y adoptarían actitudes positivas hacia la naturaleza.

Materiales empleados: Todos los instrumentos necesarios para la confección de un mural: lápices, colores, rotuladores, goma de borrar, sacapuntas y cartulina. Sería correcto y casi aconsejable que el tamaño de la cartulina o del papel no fuese mayor del DIN A3, con el objetivo de poder plastificar con la menor dificultad posible, ya que las plastificadoras que hay en la mayoría de los colegios tienen un tamaño estándar, y es imposible realizar el trabajo con dimensiones superiores a la mencionada nomenclatura foliadora.

Desarrollo: Quizás, lo primero que yo aconsejaría hacer, sería una asamblea de clase o del grupo taller que va a desarrollar tal interesante y prometedora experiencia, no hay que olvidar que se trata de una acción militante ecologista, una acción educadora, un acto de compromiso con el medioambiente. Por lo que la asamblea es necesaria, ¿para qué? Para elegir las frases más adecuadas y no escribir tonterías desafortunadas y también, para ponernos de acuerdo en los mensajes que vamos a plasmar con los dibujos y texto. Si somos una numerosa clase, podemos dividir los textos y el contenido de los mensajes entre los grupos participantes, y así se escriben más y no se repiten innecesariamente.

Los murales se hacen en un ambiente de ayuda mutua y de compañerismo altruista; las ideas y sugerencias plásticas deben circular sobre la atmósfera de la clase, darlas, tomarlas, lanzarlas y cogerlas. Una vez que los murales queden hechos, se plastifican para protegerlos de humedad y otras circunstancias climáticas adversas. 

Para colocarlos hemos de realizar esta operación con estrategias y procedimientos adecuados y evitando, por ejemplo: no podemos dejar los murales plastificados dentro de un bosque amarrados al tronco de un pino carrasco, así por las buenas. Existen casas de guardas, refugios, camping, señales indicadoras, cafeterías cercanas, aparcamientos de coches del lugar, vallas, etc, esto son los sitios y espacios adecuados para colgar nuestros murales ecológicos. Tomemos notas de los lugares donde los colocamos, pues hay que regresar al lugar a comprobar su estado de deterioro y retirarlos o sustituirlos.

Se pueden realizar trabajos recopilatorios de datos (textos e imágenes) sobre animales autóctonos del territorio. Aconsejamos que estos documentos compilatorios, una vez acabada la búsqueda o investigación, adquieran el formato de lo más parecido a un libro, en el concepto clásico del término, es decir, a ser posible con portada de cartón o cartulina y de tamaño cuartilla o folio (DINa4), con su título y nombre del autor. Así es más factible su uso y consulta por todos los niños e, incluso, los mejores trabajos monográficos podrán pasar a las estanterías de la biblioteca del aula o del colegio. 

Las monografías debidamente paginadas constarán de una reseña del autor, de un índice del contenido, además del texto investigado, dibujos del autor, fotocopias recortadas y pegadas de imágenes del animal, también se escribirán ¿opiniones personales¿ del autor, en ellas se recogerán críticas, sugerencias, ideas, hipótesis sobre los textos copiados de otros libros; las entrevistas o encuestas sobre el tema de la monografía enriquecen el contenido y, por último, un listado bibliográfico de las fuentes consultadas, sean libros, sean páginas web de internet.

Material empleado: Folios, cartulinas, lápices, pegamento, colores y libros sobre el animal objeto de la investigación, un ordenador con acceso a la red internet.

Desarrollo: Una vez elegido el compañero /a con el que abordaremos el trabajo, se requiere una reunión para ordenar y temporalizar el trabajo y, claro está, reparto de funciones, ejemplo: Uno puede encargarse de los dibujos, el otro de realizar la entrevista o de fotocopiar las imágenes de una enciclopedia, etc. Hay que establecer los días y las sesiones de trabajo, el horario y los lugares. Lo último es paginar, enumerar y escribir un índice. En la contra portada el autor o autores, escribirán datos biográficos: nombres, aficiones, fecha de nacimiento y lecturas preferidas (con foto a ser posible).

Esta monografía bien realizada formará parte de los documentos del aula o de la biblioteca del colegio.

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